27 de septiembre de 2014

Aruba



Algún día de Septiembre de 2014

Aruba, una isla desconocida para mi, aun cuando su nombre me evoca la canción Kokomo de los Beach Boys cada vez que lo escucho.


El lado sur de la isla es el estereotipo del Caribe, playas de arenas blancas y aguas color turquesa, sin embargo te adentras 10 cuadras hacia el interior de la isla en dirección norte y el paisaje cambia a una mirada semi desertica, con cactus y arboles duros de hojas pequeñas.

Ese no es el único contraste, tal vez lo más curioso es la mezcla de idiomas que manejan sus habitantes; Holandés como la lengua oficial, Papiamento, la lengua local que es una mezcla de Holandés, Francés, Inglés, Español y algo más. Inglés es común por el turismo y el español se debe a que en la época anterior al cable, la televisión venezolana era la alternativa a la programación local.

La gente es muy amable y la isla es un oasis de tranquilidad, lo que la hace ideal para venir a tomar unas vacaciones de descanso. Solo basta bajarse del avión para respirar una atmósfera de tranquilidad. Me hace recordar mis vacaciones de niño en Pichilemu cuando no había nada de que preocuparse.



30 de julio de 2014

Que haces en este Puerto?

30 de Julio de 2014

Ella era inglesa y venía viajando desde Nueva Zelandia. Qué la trajo hasta Valparaíso no estaba claro, lo cierto es que la puerta de la casa cervecera, enmarcada por un graffiti multicolor, llamó su atención.


Cruzó la puerta con un montón de interrogantes en su cabeza. No dominaba el idioma, sin embargo eso no la había detenido al momento de comprar un pasaje hacia el fin del mundo.

Era un día Sábado, cerca de las cuatro de la tarde, cuando avanzó insegura por un pasillo angosto entre la barra y las mesas.

Las murallas de ladrillo vivo le llamaban la atención, tal vez porque contrastaban con las tuberías brillantes de acero de los dispensadores de cerveza que se erguían sobre el mesón de la barra de madera oscura.


Se sentó en una mesa alta apoyando su espalda contra los ladrillos mientras observaba la gente a su alrededor y los empleados del local. Se podía observar que estaba acostumbrada a viajar y a descubrir nuevos horizontes. Tenía esa actitud de las almas aventureras.


Luego de recorrer la carta y darse a entender con el joven que la atendió, el cual no dominaba el inglés a la perfección, finalmente llegó a su mesa una chorrilana acompañada de una cerveza negra. Mientras disfrutaba de su comida, sacó su cámara de bolsillo y le pidió a una pareja que se sentaba en la mesa vecina que le tomará una foto para inmortalizar en su diario de viaje, el paso por ese rincón desconocido para ella y al cual había llegado después de recorrer literalmente medio mundo.


Cruzó algunas palabras con la pareja de la mesa vecina para luego retirarse y seguir su camino, seguramente a descubrir nuevos rincones de esta ciudad que depara una sorpresa a la vuelta de cada esquina.


Al pasar junto a mi cruzamos una mirada y una sonrisa. 


Mientras se alejaba no pude evitar pensar en preguntarle ¿Que haces en Valparaíso?





6 de junio de 2014

Valparaíso


Valparaíso... siempre vuelvo, por alguna razón que todavía no alcanzo a descifrar, me enamoré del puerto.


Llegué aquí hace veintiocho años a estudiar. No conocía a nadie, sin embargo algo me atraía de estudiar en este puerto.

Aquí conocí a mi mejor amigo, aquí viví mis primeros pololeos. Muchas primeras experiencias fueron entre cerros, callejones y aroma porteño.


Valparaíso se ama o se odia, aun no conozco a nadie quien le sea indiferente. Tal vez su personalidad única es lo que lo hace tan atractivo.





01 de Junio de 2014

Hoy llegué al cerro alegre antes del mediodía. El cerro estaba en calma, en silencio, tal y como lo viví en otra época. Esa sensación me transportó de inmediato a un fin de semana de finales de los ochenta cuando la única actividad eran las dueñas de casa comprando el los diferentes locales del cerro, en el almacén de la esquina, la panadería, o la carnicería que funcionaba en el local que hoy ocupa el Café Vinilo, en la calle Almirante Montt.


Volví a revivir la misma sensación que describe Lukas en sus apuntes porteños, "Valparaíso en día festivo", que de festivo y alegre no tiene mucho. El cerro esta dormido, la gente recién está llegando a abrir sus negocios. Tímidamente los locales abren como pidiendo permiso para empezar sus actividades. A esta hora la fauna de turistas se restringe a los extranjeros que se pasean, libro en mano, tal vez buscando restaurantes o bares recomendados por otros pioneros del cerro.


Comienzo mi búsqueda de un lugar donde tomar un buen café. ,Se que a esta hora puede llegar a ser un desafío interesante. Finalmente entro a un local de artesanía que al fondo me recibe con una terraza que tiene una pequeña barra al aire libre con solo cinco sillas y enfocando su vista hacia la bahía.


Mientras disfruto de un capuchino con doble carga de café, me dejo hipnotizar por la maniobra de atraque de un barco que transporta autos. A mi lado, una pareja disfruta también del espectáculo ofrecido. Ella vuelve a su niñez dejándose encantar por lo desconocido de la maniobra. Él, con aire de marino experimentado, le describe cada uno de los procedimientos. Se les ve felices.


Que sensación tan agradable, sin apuro, solo disfrutando de la vista y los recuerdos. Sin nadie que me apure a desocupar la silla que ocupo.


La vida en el cerro continúa, a pesar del turismo que lo invade. Veo como una joven cuelga su ropa recién lavada desde la ventana para que el tímido sol de Junio la seque antes del atardecer. 


La esencia del puerto no desaparece, solo es necesario visitarlo cuando los turistas descansan.


22 de abril de 2014

Regreso

12 de Diciembre de 2009

Finalmente inicio mi regreso a casa, ya son tres meses desde tu cumpleaños y casi dos meses desde que no te veo. 


Nunca ha sido fácil estar lejos de ti. Te extraño y me haces falta. Hoy ya comienzo la cuenta regresiva de mi vuelta a casa.


El viaje se hace largo, en parte la ansiedad de volver a tenerte a mi lado hace que las horas pasen mas lento.


Los recuerdos vienen a mi mente de todo lo que hemos pasado juntos. Aun cuando han habido momentos buenos y no tan buenos, todos los recuerdos son lindos.





21 de abril de 2014

Piso Veinticinco

22 de Julio de 2009

Piso veinticinco, sentado en una mesa casi igual a la que tenemos en casa. Estoy en la piscina al aire libre, la noche es cálida y solamente una pequeña brisa me refresca mientras escribo.

Frente a mi, la piscina con su fuente de agua al fondo. El ruido del agua cayendo, me relaja y me distrae del bullicio de la calla. Mas atrás, la playa de Fort Lauderdale.

Es de noche, cerca de las nueve. El cielo esta nublado por lo que es imposible ver una estrella, sin embargo el cielo se ilumina con el paso de los aviones. Estoy cerca del aeropuerto.

Acaba de llegar una mujer, tal vez sesenta y cinco  o setenta años, viene con su nieto. También llegan tres jóvenes que se apoyan el la baranda a conversar mientras miran hacia el río.

La brisa mueve las hojas de mi cuaderno y me distrae. Miro hacia el horizonte viendo los aviones pasar con sus luces encendidas destellando. Fijo mi vista en una nube buscando la inspiración que no puedo encontrar.

Desde hace un tiempo siento la necesidad de escribir pero por una u otra razón no lo hago. Las razones no las sé, tal vez porque escribir me relaja o simplemente soy un romántico enamorado del papel sin lineas, la pluma y la tinta... no lo se. Sólo estoy seguro que escribir me distrae de mi actividad rutinaria. Tal vez hago esto como una forma de registrar momentos para luego analizarlos.

Me distraigo nuevamente con los ruidos a mi alrededor, sirenas, autos, la campana del puente levadizo y el ruido de la gente en la lejanía.

Me parece increíble que siendo un lugar y atmósfera tan agradable solamente yo esté aquí.  Simplemente disfruto de la brisa nocturna y espero que algo suceda. Cuando pienso que ya todo el mundo se ha ido y me dispongo a partir, llega una pareja.

Ella viste polera amarilla y una falda que le llega mas abajo de la rodilla. El trae pantalones cortos blancos y una polera azul. Sólo permanecen mirando cinco minutos el horizonte y luego se marchan.

Luego llega otra pareja, ambos en traje de baño, se lanzan a la piscina. Aún cuando no me llama la atención el hecho que se bañen, pues es exactamente lo que yo haría, lo que realmente me llama la atención es que no respeten la regla establecida y publicada del edificio, de no bañarse de noche. Yo pensaba que todos los gringos eran obedientes, pero veo que me equivoqué.

En realidad no me importa si son obedientes o no, se ve que están disfrutando y ese es el objetivo, la piscina es para disfrutarla.

Me da gusto verlos, es una pareja no muy joven sin embargo se ven enamorados. Ella se acurruca y le conversa mientras él la acoge en sus brazos. Parece no importarles que yo esté a menos de dos metros de ellos. Se nota que están viviendo su mundo y nada de lo que pase a su alrededor los va a distraer. Se ve que el amor esta vivo en esa pareja.

Decido dejarlos tranquilos y me voy a buscar otro lugar para escribir o tal vez simplemente salga a caminar y buscar un bar para tomar un trago.





19 de abril de 2014

Vuelo 1489

12 de Julio de 2008

Vuelo 1489 desde Atlanta a Fort Lauderdale. Luego de esperar casi siete horas en el aeropuerto de Atlanta, ya me encuentro montado en el avión que me lleva a mi destino final.

Es un día de invierno en Atlanta, nublado pero iluminado. Una y treinta de la tarde, estoy sentado en un asiento de pasillo al lado de un niño de más o menos siete años quien esta comiendo un paquete de papas fritas recién hechas. El olor de las papas envuelve el ambiente, huelen tan apetitosas que incluso una de las azafatas lo comenta.

El vuelo esta lleno, casi la totalidad de los pasajeros son locales. El día esta frío,  espero que en Fort Lauderdale la temperatura esté mas alta, pienso mientras busco el cinturón de seguridad en mi asiento.

Aún cuando todo parece funcionar a la perfección, la jefe de cabina informa que el video con las instrucciones de seguridad no funciona por lo que la demostración se realiza “a la antigua” con las azafatas haciendo su número de variedad frente a un público indiferente del cual nunca obtendrán un aplauso.

Una vez en vuelo, observo a mi alrededor y veo diferentes mundos tratando de convivir en pocos metros cuadrados.

A mi lado, un niño (el mismo de las papas fritas) está en su mundo viendo las historias de Dexter en su pantalla individual. Mas allá está, la que supongo es su madre, viendo otra película en su pantalla individual. No puedo negar que se preocupa del chico, sin embargo no han conversado desde que despegamos, su única interacción es preguntarle si está bien.

Al frente, por el pasillo, una azafata que no puede disimular su cara de malestar y no ha sonreído en todo el vuelo. Ella sólo se preocupa de ofrecer y vender comida chatarra, que para colmo todo el mundo compra.

A mi derecha, por el lado del pasillo una mujer de unos 45 años, estudia un libro y trabaja sobre él. Se le ve preocupada, como si no hubiera hecho su tarea a tiempo.

Mientras escribo, se me acerca la misma azafata con cara de pocos amigos a ofrecerme “snacks”, amablemente le digo que no mirándola a los ojos y sonriendo. Mi experimento da resultado, pues logro una sonrisa en respuesta.

Vuelvo a observar a la mujer de la tarea. Un libro sobre el cual escribe, un diccionario abierto y la mano llena de maní. Ella funciona en automático.

Aún queda una hora de vuelo y me dispongo a dormir pues todos a mi alrededor están sumergidos en su mundo...



Virgen Gorda

7 de Junio de 2009

Cuando supe que mi próximo destino era Virgen Gorda, lo primero que hice fue ir a preguntarle a Google donde estaba mi destino.

Virgen Gorda es una de las Islas Vírgenes Británicas y para llegar ahí tuve que volar a Roadtown (Tortola) y en ese lugar abordar una lancha que me llevó a Virgen Gorda.


Aún cuando mi visita sólo fue por el día, y me lo pasé trabajando, mi colega de trabajo, quien vive en Roadtown tuvo la gentileza de mostrarme la isla y pude disfrutar de un día y una vista diferente.

La foto esta tomada desde el embarcadero de Virgen Gorda, al atardecer cuando nos disponíamos a regresar a Roadtown.