22 de Julio de 2009
Piso veinticinco, sentado en una mesa casi igual a la que tenemos en casa. Estoy en la piscina al aire libre, la noche es cálida y solamente una pequeña brisa me refresca mientras escribo.
Frente a mi, la piscina con su fuente de agua al fondo. El ruido del agua cayendo, me relaja y me distrae del bullicio de la calla. Mas atrás, la playa de Fort Lauderdale.
Es de noche, cerca de las nueve. El cielo esta nublado por lo que es imposible ver una estrella, sin embargo el cielo se ilumina con el paso de los aviones. Estoy cerca del aeropuerto.
Acaba de llegar una mujer, tal vez sesenta y cinco o setenta años, viene con su nieto. También llegan tres jóvenes que se apoyan el la baranda a conversar mientras miran hacia el río.
La brisa mueve las hojas de mi cuaderno y me distrae. Miro hacia el horizonte viendo los aviones pasar con sus luces encendidas destellando. Fijo mi vista en una nube buscando la inspiración que no puedo encontrar.
Desde hace un tiempo siento la necesidad de escribir pero por una u otra razón no lo hago. Las razones no las sé, tal vez porque escribir me relaja o simplemente soy un romántico enamorado del papel sin lineas, la pluma y la tinta... no lo se. Sólo estoy seguro que escribir me distrae de mi actividad rutinaria. Tal vez hago esto como una forma de registrar momentos para luego analizarlos.
Me distraigo nuevamente con los ruidos a mi alrededor, sirenas, autos, la campana del puente levadizo y el ruido de la gente en la lejanía.
Me parece increíble que siendo un lugar y atmósfera tan agradable solamente yo esté aquí. Simplemente disfruto de la brisa nocturna y espero que algo suceda. Cuando pienso que ya todo el mundo se ha ido y me dispongo a partir, llega una pareja.
Ella viste polera amarilla y una falda que le llega mas abajo de la rodilla. El trae pantalones cortos blancos y una polera azul. Sólo permanecen mirando cinco minutos el horizonte y luego se marchan.
Luego llega otra pareja, ambos en traje de baño, se lanzan a la piscina. Aún cuando no me llama la atención el hecho que se bañen, pues es exactamente lo que yo haría, lo que realmente me llama la atención es que no respeten la regla establecida y publicada del edificio, de no bañarse de noche. Yo pensaba que todos los gringos eran obedientes, pero veo que me equivoqué.
En realidad no me importa si son obedientes o no, se ve que están disfrutando y ese es el objetivo, la piscina es para disfrutarla.
Me da gusto verlos, es una pareja no muy joven sin embargo se ven enamorados. Ella se acurruca y le conversa mientras él la acoge en sus brazos. Parece no importarles que yo esté a menos de dos metros de ellos. Se nota que están viviendo su mundo y nada de lo que pase a su alrededor los va a distraer. Se ve que el amor esta vivo en esa pareja.
Decido dejarlos tranquilos y me voy a buscar otro lugar para escribir o tal vez simplemente salga a caminar y buscar un bar para tomar un trago.