6 de junio de 2014

Valparaíso


Valparaíso... siempre vuelvo, por alguna razón que todavía no alcanzo a descifrar, me enamoré del puerto.


Llegué aquí hace veintiocho años a estudiar. No conocía a nadie, sin embargo algo me atraía de estudiar en este puerto.

Aquí conocí a mi mejor amigo, aquí viví mis primeros pololeos. Muchas primeras experiencias fueron entre cerros, callejones y aroma porteño.


Valparaíso se ama o se odia, aun no conozco a nadie quien le sea indiferente. Tal vez su personalidad única es lo que lo hace tan atractivo.





01 de Junio de 2014

Hoy llegué al cerro alegre antes del mediodía. El cerro estaba en calma, en silencio, tal y como lo viví en otra época. Esa sensación me transportó de inmediato a un fin de semana de finales de los ochenta cuando la única actividad eran las dueñas de casa comprando el los diferentes locales del cerro, en el almacén de la esquina, la panadería, o la carnicería que funcionaba en el local que hoy ocupa el Café Vinilo, en la calle Almirante Montt.


Volví a revivir la misma sensación que describe Lukas en sus apuntes porteños, "Valparaíso en día festivo", que de festivo y alegre no tiene mucho. El cerro esta dormido, la gente recién está llegando a abrir sus negocios. Tímidamente los locales abren como pidiendo permiso para empezar sus actividades. A esta hora la fauna de turistas se restringe a los extranjeros que se pasean, libro en mano, tal vez buscando restaurantes o bares recomendados por otros pioneros del cerro.


Comienzo mi búsqueda de un lugar donde tomar un buen café. ,Se que a esta hora puede llegar a ser un desafío interesante. Finalmente entro a un local de artesanía que al fondo me recibe con una terraza que tiene una pequeña barra al aire libre con solo cinco sillas y enfocando su vista hacia la bahía.


Mientras disfruto de un capuchino con doble carga de café, me dejo hipnotizar por la maniobra de atraque de un barco que transporta autos. A mi lado, una pareja disfruta también del espectáculo ofrecido. Ella vuelve a su niñez dejándose encantar por lo desconocido de la maniobra. Él, con aire de marino experimentado, le describe cada uno de los procedimientos. Se les ve felices.


Que sensación tan agradable, sin apuro, solo disfrutando de la vista y los recuerdos. Sin nadie que me apure a desocupar la silla que ocupo.


La vida en el cerro continúa, a pesar del turismo que lo invade. Veo como una joven cuelga su ropa recién lavada desde la ventana para que el tímido sol de Junio la seque antes del atardecer. 


La esencia del puerto no desaparece, solo es necesario visitarlo cuando los turistas descansan.


22 de abril de 2014

Regreso

12 de Diciembre de 2009

Finalmente inicio mi regreso a casa, ya son tres meses desde tu cumpleaños y casi dos meses desde que no te veo. 


Nunca ha sido fácil estar lejos de ti. Te extraño y me haces falta. Hoy ya comienzo la cuenta regresiva de mi vuelta a casa.


El viaje se hace largo, en parte la ansiedad de volver a tenerte a mi lado hace que las horas pasen mas lento.


Los recuerdos vienen a mi mente de todo lo que hemos pasado juntos. Aun cuando han habido momentos buenos y no tan buenos, todos los recuerdos son lindos.





21 de abril de 2014

Piso Veinticinco

22 de Julio de 2009

Piso veinticinco, sentado en una mesa casi igual a la que tenemos en casa. Estoy en la piscina al aire libre, la noche es cálida y solamente una pequeña brisa me refresca mientras escribo.

Frente a mi, la piscina con su fuente de agua al fondo. El ruido del agua cayendo, me relaja y me distrae del bullicio de la calla. Mas atrás, la playa de Fort Lauderdale.

Es de noche, cerca de las nueve. El cielo esta nublado por lo que es imposible ver una estrella, sin embargo el cielo se ilumina con el paso de los aviones. Estoy cerca del aeropuerto.

Acaba de llegar una mujer, tal vez sesenta y cinco  o setenta años, viene con su nieto. También llegan tres jóvenes que se apoyan el la baranda a conversar mientras miran hacia el río.

La brisa mueve las hojas de mi cuaderno y me distrae. Miro hacia el horizonte viendo los aviones pasar con sus luces encendidas destellando. Fijo mi vista en una nube buscando la inspiración que no puedo encontrar.

Desde hace un tiempo siento la necesidad de escribir pero por una u otra razón no lo hago. Las razones no las sé, tal vez porque escribir me relaja o simplemente soy un romántico enamorado del papel sin lineas, la pluma y la tinta... no lo se. Sólo estoy seguro que escribir me distrae de mi actividad rutinaria. Tal vez hago esto como una forma de registrar momentos para luego analizarlos.

Me distraigo nuevamente con los ruidos a mi alrededor, sirenas, autos, la campana del puente levadizo y el ruido de la gente en la lejanía.

Me parece increíble que siendo un lugar y atmósfera tan agradable solamente yo esté aquí.  Simplemente disfruto de la brisa nocturna y espero que algo suceda. Cuando pienso que ya todo el mundo se ha ido y me dispongo a partir, llega una pareja.

Ella viste polera amarilla y una falda que le llega mas abajo de la rodilla. El trae pantalones cortos blancos y una polera azul. Sólo permanecen mirando cinco minutos el horizonte y luego se marchan.

Luego llega otra pareja, ambos en traje de baño, se lanzan a la piscina. Aún cuando no me llama la atención el hecho que se bañen, pues es exactamente lo que yo haría, lo que realmente me llama la atención es que no respeten la regla establecida y publicada del edificio, de no bañarse de noche. Yo pensaba que todos los gringos eran obedientes, pero veo que me equivoqué.

En realidad no me importa si son obedientes o no, se ve que están disfrutando y ese es el objetivo, la piscina es para disfrutarla.

Me da gusto verlos, es una pareja no muy joven sin embargo se ven enamorados. Ella se acurruca y le conversa mientras él la acoge en sus brazos. Parece no importarles que yo esté a menos de dos metros de ellos. Se nota que están viviendo su mundo y nada de lo que pase a su alrededor los va a distraer. Se ve que el amor esta vivo en esa pareja.

Decido dejarlos tranquilos y me voy a buscar otro lugar para escribir o tal vez simplemente salga a caminar y buscar un bar para tomar un trago.





19 de abril de 2014

Vuelo 1489

12 de Julio de 2008

Vuelo 1489 desde Atlanta a Fort Lauderdale. Luego de esperar casi siete horas en el aeropuerto de Atlanta, ya me encuentro montado en el avión que me lleva a mi destino final.

Es un día de invierno en Atlanta, nublado pero iluminado. Una y treinta de la tarde, estoy sentado en un asiento de pasillo al lado de un niño de más o menos siete años quien esta comiendo un paquete de papas fritas recién hechas. El olor de las papas envuelve el ambiente, huelen tan apetitosas que incluso una de las azafatas lo comenta.

El vuelo esta lleno, casi la totalidad de los pasajeros son locales. El día esta frío,  espero que en Fort Lauderdale la temperatura esté mas alta, pienso mientras busco el cinturón de seguridad en mi asiento.

Aún cuando todo parece funcionar a la perfección, la jefe de cabina informa que el video con las instrucciones de seguridad no funciona por lo que la demostración se realiza “a la antigua” con las azafatas haciendo su número de variedad frente a un público indiferente del cual nunca obtendrán un aplauso.

Una vez en vuelo, observo a mi alrededor y veo diferentes mundos tratando de convivir en pocos metros cuadrados.

A mi lado, un niño (el mismo de las papas fritas) está en su mundo viendo las historias de Dexter en su pantalla individual. Mas allá está, la que supongo es su madre, viendo otra película en su pantalla individual. No puedo negar que se preocupa del chico, sin embargo no han conversado desde que despegamos, su única interacción es preguntarle si está bien.

Al frente, por el pasillo, una azafata que no puede disimular su cara de malestar y no ha sonreído en todo el vuelo. Ella sólo se preocupa de ofrecer y vender comida chatarra, que para colmo todo el mundo compra.

A mi derecha, por el lado del pasillo una mujer de unos 45 años, estudia un libro y trabaja sobre él. Se le ve preocupada, como si no hubiera hecho su tarea a tiempo.

Mientras escribo, se me acerca la misma azafata con cara de pocos amigos a ofrecerme “snacks”, amablemente le digo que no mirándola a los ojos y sonriendo. Mi experimento da resultado, pues logro una sonrisa en respuesta.

Vuelvo a observar a la mujer de la tarea. Un libro sobre el cual escribe, un diccionario abierto y la mano llena de maní. Ella funciona en automático.

Aún queda una hora de vuelo y me dispongo a dormir pues todos a mi alrededor están sumergidos en su mundo...



Virgen Gorda

7 de Junio de 2009

Cuando supe que mi próximo destino era Virgen Gorda, lo primero que hice fue ir a preguntarle a Google donde estaba mi destino.

Virgen Gorda es una de las Islas Vírgenes Británicas y para llegar ahí tuve que volar a Roadtown (Tortola) y en ese lugar abordar una lancha que me llevó a Virgen Gorda.


Aún cuando mi visita sólo fue por el día, y me lo pasé trabajando, mi colega de trabajo, quien vive en Roadtown tuvo la gentileza de mostrarme la isla y pude disfrutar de un día y una vista diferente.

La foto esta tomada desde el embarcadero de Virgen Gorda, al atardecer cuando nos disponíamos a regresar a Roadtown.



17 de abril de 2014

¿Pluma o Teclado?

Por alguna razón siempre me ha gustado el sonido de la pluma raspando el papel mientras escribo. Tal vez es un sonido mucho menos monótono que el de las teclas del computador.

Cuando empecé a viajar, siempre pensé en ocupar mi tiempo en los aeropuertos en escribir sobre lo que pasaba a mi alrededor. Y la primera pregunta fue… ¿Donde lo hago? ¿En el computador, en el teléfono, en un tablet o en el celular?


Ninguna de las opciones me atraía ni me convencía al cien por ciento, aún cuando ya en esa época mi trabajo era estar sentado frente al computador todo el día. Prácticamente para lo único que usaba el lápiz era para firmar cheques en locales que no recibían tarjeta de débito.


Mis primeros apuntes los llevé en un cuaderno que usaba para tomar notas en mis reuniones de trabajo, sin embargo sentía que no le estaba dando la importancia necesaria a lo que escribía.


En uno de mis viajes, entré a una librería donde tenían una sección para gente que escribe. Al entrar a esa sección fue como descubrir un mini paraíso en medio de la jungla de cemento y modernidad. Estanterías llenas de cuadernos de apuntes de diversas forma, colores, textura, olores… era una experiencia imprevístamente deliciosa.


Me tomó tiempo decidir pues cada pieza en exposición era mas interesante que la anterior, por lo que me gasté un par de horas en elegir a mi futuro compañero de viaje. Finalmente, escondido en un rincón estaba un cuaderno de unos quince por diez centímetros, con tapas de cuero y una cinta de cuero que lo rodeaba un par de veces haciendo las veces de amarra.


El empaque estaba roto y el cuero se notaba con uso. La dependienta del local nunca entendió que ese detalle hizo que me enamorara del cuaderno. Si hubiera estado en sus manos, jamas me lo habría vendido.


Muchas de mis historias se han plasmado primero en este cuaderno y luego pasadas al computador. 


Lo mejor de todo es que mientras tenga mi frasco de tinta, no me preocupo de cuando me dura la batería.




Intro


Siempre he tenido el oculto interés de escribir y compartir ideas. Pienso que es el momento de iniciar esta aventura a través de este medio.



Bienvenidos a esta locura.